Dirigido a Usted Sr. Lector...

Estimado Sr. Lector, sea bienvenido a este pequeño reducto donde la fantasía, la literatura fantástica, inclusive la ciencia ficción aún persisten, negándose a desaparecer. Un lugar donde las letras usan la tecnología como su aliada, en Pro de evadir la apatía de los bomberos incendiarios de libros.
Saludos desde este bastión anclado en mi imaginación.



Runaways



Luego de 8 años,  La Torre ha regresado. Durante su ausencia, el tablero dio más de un giro, mucho más, que tan sólo alguna vuelta. Los nobles caballeros del Rey han caído y con ellos sus estandartes. El Reino ha sido dividido y su nación ha permanecido en silencio.

Sin embargo, La Torre, se resiste a perder la esperanza. Se rumorea en las tabernas que la heredera al trono, la joven a la cual en su juventud desacreditó, aún vive  y se encuentra en el exilio. Sabe que su amado Alfil la ha traicionado y esto, no ha hecho más que intensificar su tormento.  El despliegue imperial se ha desatado y es hora de tomar una decisión. 

Cuando has llegado a un punto de no retorno, donde lo único que puedes ver es; “el fin de la ruta” y tus pensamientos son “hasta aquí he llegado”. Es el mejor momento para tomar una decisión del estilo de es “ahora o nunca”.  

La Torre, decidió. Y así, es como dio inició la aventura de la "Desterrada princesa hechicera". También conocida como la "Princesa Bruja".


Ensoñaciones placebo


Se supone que no dolería.
Y en parte tuvo razón.
La bala solo entró,  rompió la piel y siguió de largo por el costado.
Demoró poco.
2 o 3 minutos.
A veces creo, que la vida puede ser mucho más lenta y dolorosa...

Cartas sin enviar, simplemente nunca llegaron al olvido.


Estimado Teniente Faldgan

Añoro su presencia y buena disposición, para debatir sobre temas, siempre tan irrisorios, rebuscados y banales que tan a menudo en su opinión, sólo eran justificables por mi persona. Aprovecho esta instancia para comentar los adelantos incurridos durante el último tiempo, en esta compleja búsqueda personal, siempre tan característica de mi ser. Por encontrar aquella estampa, capas de presentar tal grado de antagonismo sostenido, que sea capas de forzar mi retórica a cruzar límites aún más allá, de lo que a veces en la soledad de mi recamara, me atrevería a soñar.

Mi impresión es sencilla, me entristezco al evocar con frustración, el sentimiento de que a mi pesar, me embotello al carecer de desafíos. Veo como la vida se estanca en la desidia cotidiana, adentrándome un paso más en dirección al vacío que tanto temo. Comienzo a creer en la existencia de una teoría que me atormenta, la cual preferiría desechar con más que tan sólo justa razón. 

Sin embargo, no todo es desazón en este lado del continente. Me encuentro en una situación inmejorable desde la perspectiva económica, los cercanos, mis queridos e incluso aquellos contertulios de cuya presencia solimos disfrutar en más de alguna ocasión, gozan de tan buena salud como de buena situación.

No puedo decir que gozo de licencia para entristecerme. Desde mi ubicación observo con tranquilidad al mar, disfrutando su música entrar por la ventana. Conservo el acceso a la biblioteca que encargó a mi padre y a la cual, he aportado algunos otros tomos, a la espera de su retorno. Mis progresos en dibujos, son tan lastimeros como siempre, cosa que asumo a usted no le tomara por sorpresa. Lo que si me enorgullece son los avances en equitación, cada día me acerco más al manejo de “la técnica” de la cual hablamos tanto. Espero que, con algo de tiempo y con la consecuente autorización de mi tutor, podré asistir a la competencia estival, cada día me acerco más a la edad requerida para dicho ingreso.

Lo demás lo narrare en persona, a su regreso, es importante contarle sobre los nuevos acontecimientos, pero reservare el secreto hasta su retorno.

Se despide con toda devoción y afecto.

Miss Evolet Le Fair.
Primavera de 1870.

En edición, Probando la mano "en desarrollo".


El hombre volteó a observarla, inspeccionándola lentamente. Tras un momento, de rígida tensión en su mandíbula, empezó a hablar en un tono que emulaba tranquilidad.

¿Sabes Ilara Deik Ilaji? Siempre supe que desde lo alto de este balcón, las estrellas lucirían incluso aún más hermosas - sonrío -  Lo único que lamento, es no haber tenido el coraje de escabullirme hasta aquí antes de todo esto, para disfrutarlas contigo.

La joven se encontraba sumergida en un silencio pétreo. Tuvo la certeza de que incluso hasta ese momento, nunca había prestado realmente atención a lo hermoso que era el cielo, ni siquiera en las despejadas noches de invierno en el desierto. El suave murmullo de un batir de alas acercándose, la devolvió de su ensoñación. Apretó con delicadeza entre sus dedos una pequeña botellita incrustada en joyas, que se encontraba oculta en uno de sus bolsillos. Solo entonces, desvío su atención de la pálida figura, que se desdibujaba lentamente al costado de su hombro.  

Vete – Fue la única palabra que consiguió articular. Se sintió estremecer de ansiedad, noto como algo similar a una ráfaga de electricidad recorría sus poros, deseo gritar, quiso ser egoísta, anhelaba tener tiempo para decirle montones, no, millones de otras cosas pero tras un duro esfuerzo ningún otro sonido salio de sus labios. Lo observo palidecer al escucharla, al verlo abrir la boca albergo la esperanza de que él refutaría sus palabras, paso un instante y luego otro, pero nada paso. Finalmente tras un momento de silencio, el hombre llevo una de sus manos al rostro y estrecho su corta barba entre los dedos, en un ademán de perplejidad.

Finalmente inclino levemente su cabeza, la miro fijamente y dijo – Que así sea. Ilara se cumplirá tu voluntad – Era fácil advertir el odio en sus ojos.  Fue en ese momento, que se escucho el  primer disparo, seguido de una explosión.
 
Lo demás ocurrió muy rápido, mientras el hombre reaccionaba al estruendo, con una agilidad comparable a un felino y se arrojaba al suelo arrastrándola con él. Ilara luchó por voltearse hacia el interior de su recamara. Se supone que no había nadie ahí, ¿oh si? – Pensó - ¡Maldición! No lo recuerdo. Tras un esfuerzo, logro zafarse de él. Levantándose desde el suelo, sin prestar atención a sus protestas, hecho a correr, siempre encorvada en dirección a su alcoba. Las sirenas de alarma sonaban cada vez con mayor intensidad desde el interior de palacio, estaba segura que los guardias estarían en posición defensiva muy pronto. Sabia que Oscar estaría cerca, había sentido el batir de sus alas. Era imposible que estuviera muy lejos de Faldgan, incluso contra la voluntad de este último. Su especie era universalmente conocida por sus cualidades de  inigualable lealtad, amena inteligencia, una gran fuerza y destreza, pero también por su tozudez extrema. El problema radicaba en que se requeriría bastante más que tan solo una criatura mágica, por muy grande que esta fuera, para evadir una turba enardecida de soldados.  El momento es ahora, si existe el chance de cambiar todo lo que se ha perdido. Ahora es cuando. – pensó Ilara con desesperación. Mientras revolvía la segunda gaveta una voz familiar se inmiscuyo en sus pensamientos – 6 minutos Ilara. ¿Sabes que no se me permite inmiscuirme más en esto? La voz repercutió en su mente, cada vez más despacio, el tercer librero se encontraba volcado en su cama, cuando localizó el objeto de su búsqueda.

Lo sé, Desmark.

Encontró a Faldgan observando, desde el balcón, los sucesos que acontecían en la lejanía. Su mano se encontraba apoyada en la empuñadura de su espada, su cuerpo estaba tenso, siguiendo las detonaciones de la avanzada.