Dirigido a Usted Sr. Lector...

Estimado Sr. Lector, sea bienvenido a este pequeño reducto donde la fantasía, la literatura fantástica, inclusive la ciencia ficción aún persisten, negándose a desaparecer. Un lugar donde las letras usan la tecnología como su aliada, en Pro de evadir la apatía de los bomberos incendiarios de libros.
Saludos desde este bastión anclado en mi imaginación.



Amberes

Cuando sus vestiduras terminaron de deslizarse hacia el suelo, ella aún se encontraba de pie. Medio avergonzada, temblando, entumecida junto a la puerta. El fuego crepitaba al interior de la salamandra y pese a sentir la cercanía de las llamas en su piel, estas no bastaban para caldearla aunque fuera en parte. El frío invernal insistía en colarse por las rendijas de la ventana o quizás inclusive por debajo de la gruesa puerta…erizándole los bellos de la piel.

Hizo el inconciente gesto de abrazarse a si misma mas para ahuyentar la helada, que para ocultar su desnudez. Conservaba aún el cabello tomado sobre sus hombros, con algunas rebeldes mechas deslizándose por sus mejillas. Detalle que incluso en aquella penumbra hacía destacar el pálido tono de su pecosa piel.

Sintió, el ruido de las frazadas abriéndose, el sonido de los cobertores moviéndose hacia los costados de esa inmensa cama de roble, donde era esperada. El hombre que antes yacía en ella, ahora se levantaba, se movía. Su entrada lo había sacado del sopor en que se hallaba…No fue mucho el tiempo que se demoro en llegar hasta ella.

Él la observaba fijamente mientras daba cada paso, inspeccionándola en la penumbra. Pero, no fue hasta que sus brazos pudieron estrecharla contra el calor de su cuerpo, que ella dejo de temblar. El frío obraba dejándola pálida, invariablemente frágil en comparación a él. Era esa fragilidad, esa esbeltez de sus rasgos , junto a la estrechez de sus hombros ahora desnudos por primera vez ante él, lo que la hacía ver tan hermosa.- Juzgo.

La toco al tiempo que rozaba su cuello, que olía su cabello ahora revuelto alrededor de sus hombros. La beso mientras disfrutaba de observar esos mechones en tonos oscuros, algunos negros otros  un tanto azulados, brillantes inclusive en la oscuridad. Sonrío pensando en dedicarse a descubrir que era lo que lo seducía tan limpiamente.

La tomo en sus brazos y más que arrojarla, como con otras solía hacer, la deposito en la cama. La observo mientras notaba que su piel volvía a erizarse. Sonrío satisfecho, conciente de esta vez no era el frío lo que la embargaba. 



SH

Confin Oriental

El cielo, esa cosa extraña. Nada insípida que se halla más allá del límite del mar… Ese extraño lugar donde el sol parece flotar. Siempre me fue extraño pensar que como seria estar seco, tal vez arrugado, mas era una idea extraña, nada más.

Lo importante ahora era lograr ser parte ser parte del próximo navío tortuga que partiría al confín oriental…comercio, intercambio, vendo, cambio, troco tal vez por algo mejor, a veces por algo tan solo un poco peor. Eso debería ocupar mi cabeza en estos momentos…

Pero ahora que nos hallamos aquí, recorriendo las profundidades de este inmenso océano, cada vez más cerca del anhelo de ver el confín alla donde se seca el mar. No puedo evitar pensar en… ¿Cómo serán aquellos que viven de aire, en esos extraños palacios flotantes, allá más allá del límite oceánico?

Sabia que el objetivo de la avanzada era establecer que el perímetro estuviera limpio, rutina de cada 3 años, chequear las compuertas de aire, revisar los niveles de líquido y acercarnos a esa extraña capa de metal, que se encontraba anclada a poca distancia de la superficie….se supone que hace solo 15 años fue la ultima vez que se discutió la posibilidad de aumentar los intercambios, pero el acuerdo quedo sellado dejando solo algunos puntos de canje. Desde ese momento solo algunos pocos entran en contacto con ellos…

Pasamos el último arrecife y avanzamos despacio, flotando a media distancia del suelo, “tal cual establecía el manual.” Mire al siguiente a mi cargo en silencio… todo parecía estar en su lugar, nos habían reportado movimientos extraños mas allá de los limites del subreino… tal vez otra vez corsarios, o simplemente una migración de colonos provenientes de las tierras salvajes…

Recogí parte del largo cabello que flotaba en el agua junto alguna algas, removí la concha de nácar que me colgaba del cinturón, junto a otros artefactos menos amigables y tome la iniciativa de avanzar…tal vez, solo sean nuevos colonos quise pensar. Los demás miembros de este lance me siguieron en silencio, cada uno tomo lo que juzgo necesario… En estos días no era extraño ver corsarios y busca tesoros en terrenos frecuentados o de escaso acceso. Habíamos nadado corta distancia, cuando sentimos el arrullo, seguido de la onda calida y la fetidez provocada por la sensación de sangre a medio podrir que inundo el agua nuestro alrededor, ya no podíamos volver nos encontrábamos a campo traviesa.

Escamas.- Pensé. Quedaba solo apretar los dientes y resistir lo que se pudiera, solo hasta que fuera imperativo hacer sonar la alarma del cuerno…El escuadrón sin emitir un sonido tomo formación de batalla, éramos 12 hombres entrenados, aunque ninguno esperaba este encuentro… el agua a nuestro alrededor empezaba ya a calentarse por oleadas.

Espero al menos que este sea la cría y no uno de los grandes. Escuche decir a modo de broma detrás de mi. Las carcajadas fueron generales. Lo bueno es que si conseguimos salir de este chance, seguro me dan la plaza vacante que queda en el tortuga del confín Oriental…ahora mas seguro, sonrei.

...

Sonrió, con ese particular gesto de labios poco transparente, que en el fondo oculta un sollozo. Se concentro y tras un pequeño esfuerzo logro representar un papel que no lo acomodaba. El de joven diplomático, hombre distinguido, apuesto, deseado, intachable, honorable, solo, envidiado, asustado, enjaulado y abandonado en el centro de una habitación con un grupo selecto de personas cuyo deseo de verlo perecer podría haber sido detectado por gente con un poco mas de suerte.

La guerra era fácil en el campo de batalla, pero enfrentarse a las fieras que se encontraban con él, era una tortura aun peor que los días deshidratados del desierto. Sabia que lo observaban anhelantes de algún cumplido, un apretón de manos, una sonrisa o mirada que delatara la actual situación que ahora representarían en este nuevo escalafón social, al cual pertenecían esta exigua casta de hombres y mujeres de ojos fríos, miradas pálidas, facciones cínicas que enmarcaban dentro de sus delicados rasgos, sonrisas aun mas falsas que la de él.

Al menos, lo que he hecho a sembrado los pasos de la concreción de mis sueños.- Razonó. Se levanto solemnemente, ya mas satisfecho, y esta vez con una  real sonrisa en su rostro. Saludo a la gente del anfiteatro a su alrededor, mientras ayudaba a ponerse en pie a su hermosa a acompañante. Me gustaría haberla tomado para mi, al menos una vez.-  pensó al observar la magnifica silueta que apenas lograba disimular, contenida en ese delgado traje de lino. Hay cosas que aun deben corregirse en este reino.- dijo en voz alta para finalizar su discurso.

Segundos después, cuando el estruendo resonó a través de los aplausos del salón, su ultimo pensamiento estuvo situado en las arenas del desierto, y en como allí, por primera vez disfruto el viento, anhelando libertad.

La cupula

La obra había sido un éxito, mi asistencia cumplio su cometido. Cuando por fin bajo el telón y los actores y actrices corrieron a grandes zancos por entre las gradas, mientras la multitud los aplaudía. Con toda parsimonia recogí mis cosas. Espere que el teatro se desocupara un poco y los seguí escaleras arriba. 
Mientras caminaba pensaba en los diálogos, las canciones y las diferentes historias que se encontraban inmersas “ocultas” tras el género de los vestidos, por debajo de las luces y entre las tramoyas. Termine de transitar el último recodo del largo pasillo que conducía a la salida y entre la gente alrededor, vi al fraile que andaba buscando. 
Cuando nuestras miradas se encontraron, su rostro se ilumino con una sonrisa. Signo antes tan poco recurrente en sus facciones, que sin embargo hoy en día me es tan común. Sonreí de regreso, suspirando, junto con un satisfecho pensamiento sobre la reflexión de ¿cuanto hemos cambiado? 

Como siempre rellene el aire con gestos, tan orgullosa de mi asistencia, como de tu actuación. Me despedí sabiendo que el tiempo apremiaba y que aun tenía un largo camino a casa. 
Mientras me alejaba de “La cúpula” aquella infraestructura perdida dentro de lo confines de  aquel inmerso parque, vague en busca una salida que no contuviera rejas. Una que dentro de los limites establecidos, realmente permitiera salir. Mire a aquellos que jugaban en las cercanías, disfrute del paseo y de la soledad. Alcancé un sendero, recordando una asistencia previa a carreras de coches. Caminaba ensimismada en extrañas cavilaciones y balances, cuando sentí una brisa a mi alrededor que me revivió a pesar del calor. Levante la mirada y me encontré transitando por un páramo como la Luna o Marte, como según yo seria si fuera la Tierra, al ver el sol reflejado en un inmenso Domo con una extraña ciudad mediterránea como fondo de pantalla.

El viento seguía más fuerte ahora, incluso más refrescante tal vez. Observe atentamente mi entorno centrando mi atención en como voló un papel. Para, acto seguido, darme cuenta de que lo que estaba observando era una estructura metálica pintada de blanco, construida en medio de la nada. Como quien pone un toldo sobre una colina verde que va a camino a un cielo azul, teniendo a la luna clara del atardecer de fondo. 

Seguí sola, ahora menos estresada, tal vez menos preocupada, incluso menos ansiosa. Retome mi vía por el caminillo de arena que conectaba ambos mundos, consiente ahora de su existencia. Continué mi conversación pensando en todos aquellos locos que se perdían de vivir una ocasión como esta. 

SH.

Cinismo, alcohol y necedad

Mucho había pasado desde la ultima vez que vi sus rostros, las emociones encontradas, generaban ansiedad en mi al esperarlos llegar. Estaba expectante, dispuesta, excitada frente a los acontecimientos. Busque un amplio repertorio de música, los tragos estaban “casualmente” dispuestos al alcance de cualquiera de ellos, “el que fuera,” que los quisiera alcanzar. 

Mi celular sono, con ese característico ruido, que ya condiciona una sonrisa, estaba sola. El lugar era mi hogar, era dueña de las circunstancias. Después de una larga velada de amenas conversaciones, discusiones varias, mucho alcohol y algo mariguana. Caminábamos errantes por los pasillos cuando la canción [previamente programada dentro de un amplio repertorio] empezó a sonar. Fue instantáneo, se genero una ola de movimientos, gritos, emociones, experiencias compartidas, recuerdos conjuntos. Mientras el grupo bailaba en el contorno, sentía sus cercanías, la variedad de los aromas, el calor de nuestros cuerpos. Recuerdo la ebriedad, la sensación de “nada” la evasión de todo. 

Cuando termino la música y sobrevivimos al momento de tensión, volvimos a sentarnos en algún rincón, viendo alguna tontería en el ordenador. Hablando del mismo tipo de bobadas con que los 4, nos reímos a carcajadas. Fingiendo/ pretendiendo la inconciencia de aquí “no ha pasado nada.” 

Nicol Sihaya.

Caminatas

Recuerdo el vaso. Esa fina copa que sostenía entre mis dedos, con la delicadeza con que hubiera deseado ser sostenida como mujer.

Recuerdo la botella, esa botella de vino robado desde el almacén, el almacén de mis padres, de mi casa, de los patrones, ya no lo se.
Recuerdo mis pasos, la falta de dirección que los guiaba a caminar como siempre, sola, al borde de aquel abismo. Aquel abismo de viento y mar ubicado frente a aquella cordillera frondosa de vida, que terminaba en olas chocando contra ella. Como besando mi amada tierra al final del océano...

Recuerdo el viento, mis cabellos meciéndose / desordenándose y acariciándome, largos como el vestido que me rozaba las piernas a cada paso y que disfrutaba de sentir al transitar.
Recuerdo la sensación de evasión que me otorgaba el vino de esa botella y como el viento me hacia sentir flotar, de la misma forma que ahora me entrega libertad.
Recuerdo mi amor por la vida, la sensación de tristeza de aquella ves. La añoranza de ser. Tormento que me persigue hasta el día de hoy. Muchas vidas después.
Recuerdo mis pies descalzos, no por que careciera de zapatos, si no por que adoro el ardor de sentir la tierra, el pasto bajo mis pies. La sensación de estar viva a veces pensando / a veces evasiva pero viva al fin y al cabo.
Recuerdo el como había neblina. Esa neblina tan típica de ese país isleño, que hoy me es tan tosca y a la vez agradable como el beso de un ser amado. El sabor del vino, esa delicia clara que se hallaba en mi boca tan desconocida como nueva para mí.
Recuerdo las aves, mi amor por la soledad que me dejaba a mi conciencia el no tener que ser. El silencio del abismo y el arrullo del mar.
Recuerdo que se hizo tarde, la caída del sol era la señal de que debía regresar, al menos nadie debía notar la desaparición del vaso.
Recuerdo mi juventud, la búsqueda que ahí nació, las decisiones que se tomaron y la actitud de desafió que se conserva conmigo, aun en el día de hoy, momento en que volví a caminar con la copa en mi manos, añorando aquella sensación de viento, de abismo, de rebelde libertad.


S. H

Fuga

Volvía a estar sentada sola, abrazando un cojín frente a la chimenea de la casa matriarcal, el refugio foráneo familiar. Había silencio en el hogar, los demás temprano /de anochecida habían salido disfrutar la última brisa primaveral, que auguraba la llegada de la una buena temporada estival.

Pensaba en el sol radiante de afuera, el que pronto llegaría para conseguir alejar toda esa niebla matutina. Ya pronto amanecería y los demás regresarían de sus diferentes obligaciones nocturnas.

Lo había conseguido, se acercaba a la chimenea y aun estaba caliente. Como siempre busco, pero le costo encontrar su pulso. Ese fluir constante que le permitía afirmar que aun estaba en esta realidad, aun cuando el viento había vuelto a colarse en su alma, como se había colado el frió de otras vidas, mas pobres a través de alguna ventana rota.

Sonrió, al menos esta vez recordaba como había sido siempre que caía en este punto, ya sabia que la fuga, el suicidio, el escape, el morir de hambre o solo tristeza, incluso algunas otras no servían para solucionar lo que sentía. Tenia la experiencia, agradecía que en esta ocasión, recibió un guía para enfrentar a los fantasmas mejor. Ese solo detalle había hecho toda la diferencia.

Acomodo el calido poncho, que gozaba del merito de ayudarla a terminar los últimos versos / reflexiones de la noche. Movió el fuego, que a esta altura solo estaba en brasas de las ultimas cenizas, y guardo silencio. Tal vez, le dijeran algo mas, las observo atentamente.

Nada paso todo se mantenía tranquilo. Afuera el viento rugía suavemente, casi como un arrullo.

¡¡Ya tengo la solución!! – susurro, casi en un grito. Agito la cabeza jugando con su cabello coqueteándole… al ¿aire? – Si alguien me viera, otra vez dirían que estoy hablando sola.- pensó.

Agradeció el recuerdo a la joven de cabello color espiga, tes pálida y dulces ojos miel, que recordaba haber visto otras tantas veces usando ese hermoso vestido verde de satén.

Se que es reiterativo, pero siempre cabalgar, me hace volver a estar viva.

Comenzó a planificar el viaje, mientras caminaba sigilosa hacia su habitación. El sol destellaba cada vez más calido ahora, y la niebla, nuevamente abandono la zona frente a las primeras luces del amanecer.


S.H

Volvi a una era de hielo

Olvide los tiempos en que el papel definía, mi concepto de libertad, el tiempo de mis ideas, sorpresas, aventuras y pesadeces. Comprobé llorando, cantando y riendo, sobre el. Aquel viejo concepto de que “el papel aguanta mucho”.

Con los años me di cuenta que incluso eso era cierto aun mas de lo que siempre pensé.

¿Cual es la idea de hablar con alguien? El donde están las motivaciones y la compañía, han sido mas de una vez un tema molestosamente reiterativo en estos escritos, pero así es la vida. Me recuerda una canción que habla acerca de los dinosaurios, de seguro ellos van a desaparecer. Antes me parecía horrible, causándome una pena inconmensurable, la sola idea de alejarme de alguien. Hoy en día invocándose como causal una sumatoria importante de fechas equívocas, malos o demasiado bien entendidos, traiciones varias, desconfianzas, silencios, vacíos, miradas súbitas que querían expresar una idea una palabra algún concepto, que jamás dije, o me dijeron y que por ende nunca supe, aun cuando los demás se empeñan en decir que fue así.

Han desembocado en una serie de firmes decisiones, seguida de medidas activas acerca de que es lo que quiero y que es lo que no quiero. Hay veces en que realmente estoy feliz con las 99 monedas, y lo que me falta es medir mi temperamento. Mas incluso cuando no lo estoy procuro no hablar de ello, mal que mal, hay manzanas que simplemente en la vida difícilmente caerán de un olmo. Nótese que estadísticamente mi tendencia radica en aun esperar que así sea.

Mas si mis expectativas son así, al menos puedo decir que yo elegí, esperar lo inexplicable, mal que mal, no puedo creer que haya gente que no me reconozca estando al lado mió, por que tenia puesto el pelo un poco mas o un poco menos a la derecha. Basándome en esa capacidad de observación, bastante poco valor puedo atribuir a una infinidad de opiniones que escucho a diario cada vez más carentes de sentido, al menos para mí.

Volviendo a la motivación, me abruma moverme en un mundo donde lo que brilla a la luz del sol, son caretas. Donde una opinión certera se considera un factor de riesgo constante y casi imperdonable. Lo más fastidioso es que tengo el bote tan lleno, que insignificancias comunes como estas, hoy en día realmente me son molestas. Mi pesadilla mas horrible se volvió cierta, me siento de nuevo en la media.

Y la sensación de ser pingüino, me apesta.

En orbita Satelital...

Comenzaban los primeros albores de lo que luego sería un desastre monumental. Los vinos que llegaban desde las terrazas ubicadas en un lejano balcón dentro de palacio circulaban en cantidades exorbitantes y se servían mezclados con preparados típicos de la zona, en conjunto con “tus” delicias favoritas.

Las funciones habían comenzado, por lo que cada uno hacia lo que debía hacer. Representar algún papel en esta extraña sociedad, que más se asemejaba a una sucesión de caprichos de los sobrevivientes de lo que alguna vez fue una compleja entramada social y que hoy solo son los restos de un pálido reflejo de su gestación difusa.

Los márgenes que nos dividían entre sirvientes, esclavos, concubinas, señores, los amos y sus invitados, pronto se desvanecerían, junto con los últimos rallos del sol. Momento en que los cuerpos a medio desvanecer/ a medio iluminar resaltarían sus siluetas, las figuras y los pliegues de las ropas ceñidas en el contorno de los presentes a lo largo del salón. Aquel salón iluminado por las hogueras que algún ser misterioso/ invisible / insensible jamás dejaba de alimentar. Era un milagro en la práctica el hecho de ver aquellos pilares ostentosos y el que al alejarse tan solo un poco más allá fueran los mismos los que permitían el divisar las estrellas bajo la bóveda celeste.

Bailaba al compás de la música, disfrutando cada instante, esperando el que poco a poco estas melodías dejaran de sonar para que pudieras acercarte. La antigua sensación de molestia al ver el cómo ignorabas mi presencia había sido superada con el tiempo. Ahora comprendía y esperaba que a medida que las luces menguaban con su natural degrade y las hogueras ardían libremente chisporroteando sus llamas al viento. Mientras el calor se volvía envolvente y el humo mezclado con especias generaba esa esperada sensación de sopor, aquel relajo, que unido al fresco verano permitía que el vino se subiera a la cabeza, que las ropas poco a poco comenzaran a adherirse a los cuerpos y que los invitados irrisoriamente comenzaran a desaparecer.

Aún quedaban algunas danzarinas cuando en medio de la oscuridad, entre las esencias del humo, reconocí ese aroma seguido de tus brazos, el grosor de tu espalda, esos labios gruesos poco delicados y mal afeitados, que te representaban aquí a mi lado. Suspiré satisfecha, tus funciones como amo y señor ya habían terminado, los demás estaban suficientemente bien embriagados, como para recordar el quien desapareció con quien… y menos la regularidad de esto en el tiempo.


S.H
Editado 18-10-2018

Remenbranzas...

La época fue aun más antigua que lo que hoy enseña esta foto, el tiempo en que transcurrió esta historia es bastante mas añejo, pero con solo una mirada basto por su semejanza en un doloroso empeño por recordarlo. La gente de hoy creerá que solo se trata de un cuento viejo, insisto en que será mejor así.


Yo era joven, mas incluso de lo que soy ahora, pero nunca dejare de sorprenderme de ese amor, por la libertad / esa pasión salvaje, que personificaba a ese animal. Brioso / imprudente / resuelto a no dejarse montar, en nada parecido a el como llego a mal envejecer. ¿Cómo fuimos tan estupidos como para maltratar semejante belleza? Tal vez a causa de los excesos de una juventud mediana, los mismos que generaron en mi esa desazón, que lo insto a morir por mi egoísmo, casi como los que a ella la incentivaron a dejarse morir de pena.

Era tanta la vida que emanaba de el, que por mas que trate, jamás pude domarlo totalmente. Por mucho que me esforcé por comprar sus cariños siempre tuve la certeza que seria mas feliz, si retornaba a los paramos, mas allá de esta jaula de oro. Tal vez, lo maltrate por que me la recordaba. O lo que era hasta pocos años después de que sus padres, la casaron y la enviaron a vivir aquí. Antes de que la modorra comenzara a ganarle, aun cuando incluso le permití leer esos libros que tanto amaba. Cuando trajeron a este potro por primera vez, la vi levantar la mirada, con ese brillo inusual/ casi irreal. Que siempre reservo para otros, pero que jamás me cedió a mí, a mi al que trataba con gentil y amable indiferencia. Tal vez por eso le regale el caballo, para poder contemplar en sus ojos aunque fuera a través de otro, esa vitalidad que se volvía insustancial en los mismos cuando me observaba.

Por aquella estación me avergonzaba de sentirme celoso de esa bestia, ese animal que la hizo sonreír siempre, más de lo que jamás sonrió por mí. Jamás pensé en que seria su amor por el corcel, lo que le llevaría a conocer a otro, lo que la liberaría de mí. Estaba tan feliz por lo logrado con el potro que no vi lo que tenia frente a mis narices, hasta que un día me encontré con ella, arrodillada en el suelo junto a lo quedo de el, el motivo real de su risa. Ahora tan solo un cuerpo inerte y manchado de sangre. Recuerdo su silencio a través del abismo que sello sus ojos, esa muralla con que aun seguía sosteniéndolo, apenas, con sus brazos delicados, tan esbeltos y gráciles, como el conjunto de su cuerpo.

Nunca más se acerco de nuevo al caballo por mi orden expresa, pero tanto como bella y delicada de cuerpo era arrogante y tozuda de mente por lo que por supuesto de nuevo no me dejo ganar. Pocos menos de dos meses habían pasado cuando logro lo que quiso, seguirlo a el, a un lugar donde mi vigilancia y mis cuidados no pudieron alcanzarla. El equino la siguió menos de un año después.

SH